A los 78 años falleció el músico y cantautor Daniel Viglietti.

El cantautor y músico popular Daniel Viglietti falleció en la tarde del 30 de octubre, a los 78 años por un aneurisma de aorta. Al momento se desconocen detalles del sepelio.

Viglietti fue una de las más prominentes voces del canto de protesta en la década de los 60 y 70.

Era reconocido por su compromiso social y político en toda América Latina, y muy cercano a los movimientos de izquierda autóctonos e indigenistas.

Actualmente conducía un programa de la radio El Espectador, “Tímpano”, en el que recorría la historia y la cultura musical del continente.

Provenía de una familia de músicos y en la juventud se formó como concertista, para luego hacer el viraje hacia el canto de protesta.

En sus conciertos se alternaban los recitados y las canciones, con un fuerte componente de denuncia de la opresión a los más débiles. Su intelecto joven había incorporado el discurso feminista, y había reformulado la letra del clásico “Gurisito” en su última aparición en el Antel Fest: “niña, mi niña, mi gurisita dulce llegará, una libertaria con cantos de chingolos soñará y que siempre luches por la igualdad, que nadie lastime a tu humanidad, que nadie lastime a tu humanidad”.

Su voz fue el arma que eligió para luchar contra la dictadura y el poder hegemónico.

En 1972 fue encarcelado en el marco de la represión que fue el preámbulo de dictadura cívico militar en Uruguay, y la campaña por su liberación fue encabezada por hombres prominentes tales como Jean Paul Sartre, François Mitterrand, Julio Cortázar.

En el 73 fue liberado y partió al exilio en Argentina primero y luego a Francia. En esos años se dedicó a su otra pasión, el periodismo, también como herramienta para denunciar los regímenes dictatoriales de América Latina.

Se casó en el 74 con Lourdes, que sería su pareja hasta el final.

Los intelectuales lo rodearon toda su vida, y de ellos se nutrió su filosofía y su prosa. Frecuentemente montaba dúo con el poeta uruguayo Mario Benedetti, a cuyos poemas les puso música y voz.Actualmente sus canciones eran cita obligada en los encuentro de música popular y folklórica, y él acudía a los encuentros con la gente como una cita obligada con sus principios.

Quizás la canción que más nos impone su voz es “A Desalambrar”, sobre la reforma agraria y la propiedad privada de la tierra, canción que hasta el día de hoy integra el cancionero popular de América Latina.

En su disco “Canciones para el hombre nuevo” se preguntaba “¿por qué canto?” y respondía: “Los años, los fenómenos de nuestro tiempo, el contacto con los poetas valiosos, canalizaron mi deseo de expresión hacia hechos y circunstancias concretos que me importan, para que la música los rescate, los exprese, los esclarezca. Así me ha ocurrido cuando he trabajado con intención popular, pero también cuando me he asomado a elaboraciones mayores: música para España aparta de mí este cáliz, Volpone, La Celestina. Necesito pues la palabra. La circunstancia histórica y social me exige decir, no sólo cantar. No es que otros sentidos y otros contenidos de la música no valgan. Pero yo, en este momento necesito la palabra: la palabra que sugiera, que desentrañe, que impulse. Tenga la dimensión de un Vallejo o un Lorca, o la intención de un simple letrista como yo”.

Daniel Viglietti acudía al encuentro con los jóvenes ante el primer llamado, con su alma naturalmente joven, naturalmente revolucionaria.

Todos podían comunicarse con él, pedirle su voz para causas que si él entendía justas, iba a acompañar.

Su mirada brillante, su figura larga, su boina infaltable, su voz quebrada y cansina al hablar, con una media sonrisa; todo en él era sereno, hasta que tomaba el instrumento.

Subía al escenario y en su voz, como en el poema de Circe Maia que musicalizó, otra voz cantaba, una voz firme, rebelde y fuerte, que surgía como queriendo darle voz a aquellos que no pueden cantar.

Los pobres, los trabajadores, los indios, los descastados, los trabajadores rurales, las mujeres, los niños, los desaparecidos.

El país y el mundo lamentan la desaparición física de este poeta, cantor, letrista, hombre de cultura y de culto, profundamente convencido y comprometido con una visión de humanidad y evolución histórica, y con lo que él creía que llevaría a la construcción de un mundo mejor.

 

 

Fuente: Subrayado

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